-- Sin embargo, Constantin perdió algunos dedos de los pies al sufrir congelación severa y gangrena; mientras tanto, Ang Rita se lesionó una costilla.

-- El grupo de avanzada no pudo llegar al campamento número tres porque el viento y el frío se intensificaron enormemente. Al día siguiente, volvimos a realizar el intento, y después de 17 horas en constante y complicado ascenso, llegamos al objetivo. A los 8,300 metros de altitud, donde estuvo el último campamento, nos dedicamos a rehidratarnos en base a líquidos que fueron derretidos y obtenidos de la nieve y el hielo con una estufa portátil.

-- Tres horas después del día 23, intentamos llegar a la cumbre aproximadamente a media noche. La razón de esto se debe a que a esta altura no existe probabilidad de recuperación y no es posible pasar un día completo en ese lugar. El avance fue lento por el cansancio, la poca adquisición de oxígeno, el frío y por no consumir alimentos sólidos. Al empezar a amanecer (cuatro de la mañana), Chantal decidió regresar porque sentía excesivo frío.

-- Eso fue una lección para mí porque mostró madurez y experiencia, así como amor a la vida, no obstante de tener aparentemente la cumbre al alcance. Chuldim Sherpa (quien ya había estado en dos ocasiones anteriores en la cumbre del Everest) y yo, decidimos seguir hacia la cumbre al sentirnos bastante bien. El viento continuó fuerte. Los precipicios se observaron en ambos lados, por lo que cada montañista tenía que depender de sí mismo.

-- Como a las once de la mañana, me detuve y tomé la decisión más difícil de mi vida. Pensé seguir y conquistar la cima o perder la vida. Tomé en cuenta que había llegado a una altura equivalente a la tercera montaña más alta del mundo (Kanchenjunga de 8,432 m.s.n.m.). De haber seguido, significaba recorrer aproximadamente 400 metros de desnivel, es decir poco más de cinco horas en condiciones sumamente peligrosas y complicadas por el terreno, y el cansancio acumulado empezaría a afectarme. Luego el descenso hubiera sido muy difícil y agotador, porque a esa altitud no era posible detenerse. El riesgo de congelación era total. Para llegar a esa altura utilizamos en ciertos momentos oxígeno suplementario, el cual tiene una duración de seis horas de uso contínuo.

-- En el retorno utilizamos nueve horas para llegar al campamento tres. El viento seguía muy fuerte. Me sentía desesperado y no podía abrir la carpa allí instalada y tuve que romperla para entrar. En ese lugar estuvimos dos horas. Ingerimos líquidos y seguimos el descenso al campamento número dos, al cual llegamos alrededor de la una de la mañana.

-- Fueron 25 horas completas de trabajo intensivo. Allí nos quedamos hasta que amaneciera. No estaba en condiciones físicas para continuar solo, por lo que ascendieron dos sherpas desde el campamento uno para ayudarme a bajar hasta el campamento de avanzada, a 6,500 metros sobre el nivel del mar. Al ir descendiendo nos encontramos con el cuerpo sin vida de uno de los escaladores de una expedición de los Estados Unidos, quien debió haber sufrido una caída desde su ruta, unos dos días antes. Este encuentro fue impactante para mí.

-- Al llegar por fin al campamento de avanzada, se determinó dar por finalizada la expedición y regresar. De ese lugar seguimos descendiendo hasta el campamento base y salimos de la montaña el dos de junio.

 

-- Al concluir, estábamos satisfechos del trabajo en equipo realizado dentro de la variante de ruta en la arista noreste. Sin embargo, al mismo tiempo había un sentimiento de tristeza por las muertes ocurridas.