El Monte Everest en nepalí se llama Sagarmatha, que significa "brotado del cielo" y en tibetano se llama Quolomangma, que significa "diosa madre de la naturaleza". El nombre Everest surge en honor a Sir George Everest, de nacionalidad inglesa, quien fue gobernador de la colonia británica de la India en 1834. Los primeros montañistas en escalar esta cima fueron Sir Edmund Hillary y Norgay Tensing Sherpa en 1953.

El Monte Everest se encuentra en la cordillera de los Himalayas, cruzando países como Pakistán, el norte de India, Nepal, el Tibet y el reino de Buthan. Además es la cima más alta del mundo y mide 8,848 metros (28,300 pies). Tiene 15 rutas diferentes de ascenso en su alrededor. En esta ocasión, Jaime Viñals irá por la ruta del collado sur del lado nepalí. El tiempo de la expedición tiene una duración de 3 meses aproximadamente.

Jaime Viñals sale de Guatemala el 22 de marzo hacia Kathmandú, capital de Nepal. Allí se reúne con el resto del grupo expedicionario. Del 24 al 26 de marzo, se dedican a la preparación del equipo, consistente en comida deshidratada para tres meses, equipo de cocina, de comunicación, de escalada, 10,000 metros de cuerdas, tanques de oxígeno, equipo de primeros auxilios y tiendas de campaña. Todo este equipo pesa en conjunto 2.5 toneladas, distribuidas en bultos de 60 libras y es trasladado hasta el poblado de Lukla.

Mientras tanto, el grupo expedicionario inicia su acercamiento caminando a la base de la cordillera de los Himalayas. Luego, alrededor del 3 de abril, llegan al poblado de Lukla, que es considerado como la puerta de entrada a los Himalayas, cruzando los poblados sherpas cercanos. La altitud a la que empieza su caminata, es equivalente a la altitud de la ciudad de Guatemala, a 1,500 metros s.n.d.m. (4,800 pies). Ya el último poblado está a 4,300 metros (13,800 pies) de altura, semejante a estar 100 metros arriba del volcán Tajumulco, en San Marcos, Guatemala. La base a la cual deben llegar, está a 5,200 metros (16,700 pies) de altura. Entre el 10 y el 13 llegan a esta base, localizada en medio del glaciar del Khumbu. En este lugar, se establece el campamento base, donde se instalan los equipos de la cocina y los alimentos, tiendas de campaña y la bodega del equipo y los sistemas de comunicación y metereología.

A partir de ese momento, a más tardar el 16 de abril, empieza el ascenso a la cima que dura un mes y medio. Durante este tiempo, se establecen cuatro campamentos: el primero a 6,000 metros (19,200 pies), el segundo a 6,600 metros (21,000 pies), el tercero a 7,400 metros (24,000 pies) y el último a 8,000 metros (25,600 pies).

Se espera que en las primeras tres semanas de mayo, esté llegando a la cima del Monte Everest, fecha que puede variar por variaciones climatológicas, de hielo, de nieve y físicas del grupo.

El descenso y retorno hasta Kathmandú se lleva a cabo del 28 de mayo al 12 de junio aproximadamente. Está llegando a Guatemala alrededor del 15 de junio.


Recuerdo como si fuera hoy que hace tiempo leía con avidez las primeras conquistas de las cumbres del Himalaya. Me impresionaba muchísimo esa tenacidad y todo el sacrificio que significaba alcanzar una cima de más de 8,000 metros de altitud. Dicen que las cosas que quedan son las que se han vivido intensamente. En ese caso, quizá debiera buscar aquí la primera raíz de mi afición a la montaña. Creo, sin embargo, que en la mayoría de los que hacemos montaña, el apasionamiento progresivo por las alturas va adquiriéndose día a día, escalada tras escalada...

Yo suelo ir a la montaña a menudo, aunque tal vez no tanto como hubiera querido. Esta actividad, junto con la biología, me brinda la posibilidad de amar la naturaleza y las montañas y, de alguna manera, me fue encaminando hacia el remoto Himalaya. Primero fueron los volcanes y montañas de Guatemala, más tarde toda Centroamérica. Recuerdo bien esas primeras experiencias desde las cimas de nuestro país, inmerso en aquel gran espectáculo, todo paisaje, cimas, pueblos muy abajo, incitado por la ilusión de escalarlas algún día. En ocasiones me separaba de mis compañeros de ascenso y de pronto me encontraba a solas en lo alto con la montaña.

El montañero busca nuevos horizontes. Primero acude a los parajes más cercanos, después se aventura más lejos, cada vez más lejos. Todo esto va formando un carácter, una manera de ver las cosas y un espíritu constante de superación, características básicas para llegar a ser, algún día, uno de los hombres escogidos del Everest.

¡Hielo y Nieve! ¡Qué emoción la primera vez que la toqué! Ha sido ese gran momento en los nevados mexicanos, el gran escenario de montañas donde pude escalar mi primera cumbre de más de 5,000 metros de altura. Y así pasa el tiempo y va surgiendo la oportunidad de recorrer las montañas más importantes del orbe, tales como McKinley en la cordillera de Alaska; Elbrus en la cordillera del Cáucaso de Rusia; Aconcagua, Chimborazo, Huascarán, Bolívar, Cotopaxi, Ojos del Salado, Sajama, Illimani y otras muchas más en la cordillera de los Andes; Mont-Blanc, Monte Rosa, Matterhörn en la cordillera de los Alpes; Kilimanjaro y Monte Meru en Africa; y finalmente la cordillera de la Tierra, el Himalaya.

Y de pronto, aquel objetivo que uno veía tan lejano, tan mítico, tan inasequible, empieza a entrar en el campo de lo posible y el sueño va cobrando cuerpo hasta objetivarse en un proyecto claro, preciso, medido, calculado y, por encima de todo, largamente acariciado y amado. ¿Amado? ¿Por qué? ¿Qué perseguimos, en definitiva? Bueno, el escalador español Toni Sors dijo durante su expedición al monte Everest en el año de 1986, lo siguiente:

"Es sabido que las montañas son deidades caprichosas que, a veces, a estos buscadores de una incierta gloria que somos los montañistas, nos oponen barreras como el viento o la nieve y, otras, se quedan para siempre con los mejores montañeros. Pero el escalar altas montañas es un juego: el juego de la vida. Y nosotros aceptamos las reglas de ese juego".

"¿Por qué? No lo sé. Quizá porque, como decía el legendario montañista de los años veinte Mallory, que murió en la misma montaña del Everest y en esta misma ruta que estoy intentando subir, las montañas están en este mundo para que alguien las suba. ¿Y el espíritu de aventura? ¿Será acaso, aquel viejo instinto que impulsó un día al hombre a luchar contra la naturaleza para sobrevivir, puesto ahora en práctica por nosotros en la montaña? ¿O quizá subimos montañas para satisfacer el ego del conquistador? No lo sé. Sin embargo, sé que la atracción que las montañas más altas ejercen sobre mí es una fuerza superior, un instinto, una forma y una razón de vida".

"No es ya el hecho de alcanzar la cima: se trata de la lucha por la lucha. Esto, por sí solo, colma ya mis anhelos y me llena de satisfacción. Llegar a la cumbre es siempre una suerte dada por Dios, posible únicamente si la montaña nos permite, si se muestra complaciente contigo. Una montaña de 8,000 metros manda siempre, por lo que el escalador debe ser humilde, aunque ponga en juego toda su fuerza, su esfuerzo y su técnica. Será Dios quien permita entonces que los mortales suban a sus sitiales y, por un instante, gocen ese efímero momento de gloria".

Es por ello, que en este año 1999, vamos de nuevo por el desafío de intentar escalar la ansiada cumbre del monte Everest. Cuatro años después del primer intento, vamos en busca de que nuestro país... GUATEMALA, sea el primer país centroamericano en tener su bandera en lo más alto de la montaña más alta del mundo.

¡NOS VEMOS EN LA CUMBRE!